Hola. Yo me llamo Libertad, soy la mayor de las dos hermanas. Yo nací en 1947 en plena guerra mundial, la guerra civil española había sido un poco antes, once años atrás. Por lo tanto, soy hija de la posguerra, del
racionamiento, de la miseria, etc.
Me pusieron de nombre Libertad, porque la palabra por si misma es una filosofía de vida, es una cuestión mental, se tiene o no se tiene. Si no, recordar la película “Alcatraz” donde un preso condenado a cadena perpetua, se hizo amigo de un pájaro que venía comer
miguitas de pan en las rejas de su ventana, y ese pájaro simbolizaba su propia libertad.
A mi me educaron en la escuela pública del momento, y me educaron en el respeto a las personas, sus propiedades, sus ideas. Porque me decían: “si quieres ser una persona libre tienes que respetar para que te respeten”. Y así ha sido a Dios gracias.
También tuve sueños de
bachillerato y universidad. Pero eso fue una utopía inalcanzable.
Pero claro, una persona no es una isla, aunque vivamos en una de ellas,
Tenerife. Las personas tenemos que ser solidarias con los demás para ser felices.
En aquellos tiempos de los años 70 aún quedaban restos de persecución a personas por expresar sus ideas políticas. Yo Libertad, no podía ser feliz con este estado de cosas, añoraba tener una hermana que se llamara Democracia, y arreglara la convivencia en nuestro país. Se oía, se decía que la mamá Canarias y la Abuela España, ya estaban en ello, pero que el parto iba a ser difícil.
Corrían los años 70. En el cono sur de América había nacido una niña preciosa que se llamaba Democracia Chilena. Por acá por España, estábamos la mayoría de los ciudadanos deseando que naciera una niña similar que se llamará Democracia Española.

Pero claro, las alegrías en casa del pobre duran poco. En ese año triste de 1974, trabajaba yo en el
Teide en un Restaurante y vivía en
Vilaflor casco, regresaba del trabajo, venia oyendo la radio del coche
RNE. Cuando entraba en la pequeña recta donde está el Pino Gordo, sonaba el boletín informativo de las 6 de la tarde y allí me enteré de la terrible noticia: la joven democracia Chilena había sido asesinada en un golpe de Estado. Me entró un temblor en todo en cuerpo, que metí el coche en el aparcamiento del Pino Gordo, y frente al histórico Pino lloré amargamente.
Probablemente uno de los días más tristes de mi vida. ¡Dios mío! ¡Si Chile era el espejo donde nos mirábamos los españoles! El nacimiento de mi hermana Democracia sí que iba a ser un parto difícil.
Pero por el bien de la humanidad, el mundo siempre gira hacia delante, aunque algunas personas se empeñen en pararlo y hacerlo girar hacia atrás.
Al siguiente año, en el mes de Abril de 1975, se produjo la Revolución de los Claveles, la cual dio paso al advenimiento de la Democracia Portuguesa. Mi Prima.
Ya los españoles volvimos a recuperar las esperanzas. Para la nuestra, la española, ya faltaba menos. Ese mismo año el 20 de Noviembre, fallecía nuestro Dictador.
Todavía tuvimos que esperar al mes de Junio del siguiente año 1976, para celebrar el Referéndum para crear una nueva constitución. Ese día lo recuerdo como quizás el más feliz de mi vida, hacia ya
calorcito y después de votar pasé gran parte del día en la playa del Médano. Fue un día de mucha emoción y muchos transistores en la arena, y la alegría iba en aumento hora en hora, sabiendo lo bien que iba el referéndum.
Al atardecer fui a ver y a hablar con el Pino Gordo, en el mismo lugar donde había llorado dos años antes. Y le pedí por hermana la Democracia que ya estaba en camino, que la cuidara y la protegiera y fuera tan alta y tan robusta como él.
Y mi hermana la Democracia–Española, nació, creció, tuvo algunos tropezones pero se hizo adulta, y ha dado mucha prosperidad a nuestra Patria.
Ahora desde el balcón de mi edad que ya peino canas, a mi hermana Democracia le veo dos peligros: uno es sobre aquellas personas que dicen quererla y juraron defenderla, y que en la práctica lo que hacen es aprovecharse de ella, para sus oscuros negocios personales. Y el segundo peligro que es derivado del primero, es el 36% de abstención, personas que pudiendo ir a votar no van. Pero los dos peligros los iremos capeando y subsanando en un próximo futuro.
Yo ya estoy algo mayor y he vivido las dos formas de gobernar un país. Y puedo afirmar con rotundidad, que vale más una mala democracia que una buena dictadura.
Y por hoy yo, Libertad, me despido de todos Ustedes. Yo me quedo por aquí, en mi atalaya
chasnera. Y como ya dije que soy mayor y tengo las manos llenas de artrosis, esta historia la ha escrito para ustedes, mi amigo y compañero:
Jesús Rodríguez Cámara
jesusrodriguezcamara@gmail.com